Un grupo de vecinas y vecinos del barrio Ejército de Los Andes (popularmente, conocido como Fuerte Apache) presentó un proyecto en el Concejo Deliberante de Tres de Febrero con el fin de obtener un derecho básico: calle y número.

Para realizar el trámite más básico, se necesita un domicilio. Para postularse a un trabajo, se necesita un domicilio. Para poder votar, se necesita un domicilio. Los habitantes de Ejército de Los Andes solo pueden limitarse a completar el casillero con la intersección de alguna de las calles que rodean al barrio. “Somos 90 mil personas viviendo en este barrio y todos tenemos la misma dirección”, plantea la presidenta de la ONG Nueva Generación, Elizabeth Baldelomar, quien presentó el proyecto en Mesa de Entrada y envió también al Secretario de Gobierno y al intendente Diego Valenzuela.

“Hablé con el intendente y se comprometió a darle curso al proyecto. Estamos a dos años de que se cumplan los 50 años del barrio y no puede ser que no tengamos algo tan básico como la calle y la numeración”, apuntó Baldelomar.

Se trata de 90 mil vecinos y vecinas repartidos en 26 hectáreas y 4.657 viviendas, lo cual también evidencia un problema de sobrepoblación.

“El crecimiento demográfico del Barrio Ejército de los Andes llevó a la población a quintuplicarse desde sus comienzos, y en el contexto de Pandemia sufrimos los avatares de las confusiones de calles para el ingreso de ambulancias, motivo este que creemos prioritario, sin embargo no queremos dejar pasar la carga que todos llevamos con el estigma negativo de su apodo Fuerte Apache, es por todo ello que deseamos no sólo reivindicar su nombre sino contar con calles y pasajes nombrados que identifiquen y visibilicen el lugar que habitamos, la calle donde se encuentra nuestra propiedad y el espacio-hogar que cada familia posee”, plantea el proyecto.

En el marco de la pandemia, la falta de un domicilio concreto complejiza más la atención médica. “Al llamar a una ambulancia, esperan que saquemos al paciente a la esquina que le figura en el DNI, con todos los riesgos que eso implica”, ejemplifica Baldelomar.